El educador a través de la intervención en el juego, configura el escenario de los juegos y crea un ambiente relajado y de libertad, donde ofrece ayuda pero deja experimentar a los alumnos. Además, favorece la comunicación y la expresión de los niños en el desarrollo de los juegos y ajusta las posibilidades de los niños a los diferentes tipos de juegos. También, organiza el juego utilizando situaciones de la vida real y el entorno. Asimismo, observa y registra el proceso del juego, la actitud en los distintos juegos y el grado de satisfacción en ellos.
Por otro lado, tenemos que la actitud del educador ante el juego es muy importante, ya que si los niños ven en el educador una actitud positiva ante el juego, que disfruta con ello, que les ayuda, que es creativo... los niños están más motivados con el juego, y disfrutan con él. Mientras, que si ven en el educador una actitud desinteresada ante el juego, los niños pueden llegar a perder también el interés por el juego. Es decir, la actitud del profesor debe servir para estimular y guiar a los niños en el proceso de enseñanza-aprendizaje que el juego proporciona.


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